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martes, 15 de mayo de 2018

De los terrenos de Agripina la madre de Nerón a San Pedro del Vaticano.





El distrito que rodea la basílica de San Pedro del Vaticano abarca parte de los barrios que pertenecen a Roma, éstos son los del Borgo y Prati.

El Borgo es un "rione" es decir un barrio que se formó dentro del perímetro de las murallas Aurelianas o Severas, ya que si fuera un barrio exterior a dichas murallas lo conoceríamos como "quarteri".

Ahora que ya tenemos la diferencia entre "rione" y "quarteri", entraremos de lleno en la historia del Borgo. Este barrio fue el último en nacer, ya que no había más espacio dentro de las murallas.

El territorio donde se sitúa el Borgo durante la época romana era conocido como Ager Vaticanus, ya que se encontraba fuera del límite religioso de la ciudad, dentro de la cual estaba prohibido enterrar a los muertos, así que aprovecharon la zona como cementerio.

Al comienzo de la Era Imperial, se construyeron magníficas casas de campo o Villae, y jardines o Horti, como el Horti Agrippinae, de Agrippina la Vieja, esposa de Germánico y madre de Calígula y Agripina la Joven, hija de la anterior por no decir "la Vieja".

Agripina la Joven "la Mamma"
Estos terrenos eran propiedad de Agripina la Joven, la que sería madre de Nerón y hermana/amante de Calígula. La verdad es que la historia de esta familia es un culebrón de los grandes.

En el año 28 d.C, con tan sólo 13 años, Agripina "la Joven" se casó por primera vez con el cónsul romano Enobarbo.
Este hombre era un visionario, pues cuando supo que iba a ser padre comentó "de la unión de Agripina y yo sólo puede salir un monstruo", y tenía razón el pobre, ya que de esa unión, 9 años más tarde Lucio Domicio Enobarbo, más conocido como Nerón, apareció en sus vidas.

Tras 12 años de matrimonio, cuando Agripina contaba con 25 primaveras, enviudó. El quedarse viuda no le importó mucho la verdad. En ese mismo momento su hermano Calígula ascendió de forma meteórica en la escala social de Roma, convirtiéndose en el nuevo emperador.

Al ser hermana del emperador, ella y sus otras dos hermanas empezaron a gozar de ciertos privilegios que tan sólo podía tener la familia imperial. Y uno de esos privilegios era complacer al emperador. 


Calígula, el hermano/amante
Y si el emperador consideraba que debía acostarse con sus hermanas, pues lo hacía, y así por su lecho iban pasando Agripina, Drusila y Livila según necesidades imperiales. El que estuvieran casadas y que fuera incesto no parecía importar mucho a nadie, ni siquiera a sus cuñados...

A cambio de aceptar las condiciones de Calígula, los beneficios que disfrutaban las tres hermanas eran bastante importantes, y para sus respectivos, tampoco era desagradable ser los cornudos del emperador.

Pero un día estos privilegios acabaron, cuando Drusila, la hermana preferida de Calígula murió, la situación cambió y mucho. Esta muerte afectó tanto al emperador que se olvidó de las dos hermanas que le quedaban y éstas perdieron su favor.

Agripina era muy ambiciosa, tanto como lo había sido su madre, así que no quería perder por nada del mundo los privilegios adquiridos, por ello junto a su amante de turno Tigelino, al que se unió Getulio Léntulo, su hermana pequeña Livila, y Lépido,el amante de ambas y que a la vez era el viudo de Drusila planearon derrocar a Caligula.

Pero los planes se trastocaron, y el emperador al descubrir el complot ordenó la muerte de Lépido y de Getulio; a sus dos hermanas y a Tigelino, previo "juicio", los mandó exiliarse. Mientras hizo que su sobrino Nerón se quedara en Roma, al cuidado de su tía paterna.

Eso le dio cierta tranquilidad al emperador durante unos años, pero al final Calígula acabó asesinado y Agripina regresó a Roma donde se encontró con su hijo y aprovechó para casarse con Cayo Salustio Pasieno Crispo, su antiguo cuñado. Como podéis ver todo quedaba en familia.

Casualidades de la vida o no, al poco tiempo, el pobre Cayo Salustio pasó a mejor vida, las malas lenguas de Roma decían que había sido envenenado ... ¿Adivináis por quién?.

Agripina estaba de nuevo soltera, y ansiaba el poder más que nada, el único que podía dárselo era su tío Claudio. Que era el nuevo emperador de Roma, lo malo es que estaba casado con Mesalina. 

Pero un buen día los rumores empezaron a correr por la corte, las malas lenguas decían que el César era un cornudo, el rumor llegó a sus oídos y decidió ponerle solución, así que mandó ejecutar a la infiel y la sustituyó por su querida sobrina Agripina que llevaba tiempo camelándoselo.

Así que, nuestra protagonista, se planta con 34 años y de nuevo casada, esta vez con el hombre más poderoso del Imperio. Para celebrar su nuevo estatus le sugiere a su nuevo marido con cuatro carantoñas que adopte como heredero a Nerón, en sustitución del hijo biológico que había tenido con Mesalina.

Claudio no duda en acceder a sus deseos a pesar del monumental cabreo de su hijo biológico. Pero la cosa no acaba aquí ya que para rizar el rizo y tenerlo todo atado y bien atado, Agripina hace que Nerón se case con Octavia, hija de Claudio y a la vez su hermanastra. 


Una vez conseguido su propósito, y tal como cantaba Raphaella Carrá con su "Rumore, rumore..." las malas lenguas de nuevo aseguraban que había ordenado envenenar al emperador con unas deliciosas setas venenosas.

Así que Nerón se plantó como emperador del Imperio Romano con tan sólo 16 años, a esa edad era un pelele en manos de la ambiciosa de su madre que solía gobernar
 por él. Así estuvieron una temporada hasta que en la vida de Nerón apareció la bella Popea Sabina.
Nerón "il figlio"

Popea Sabina
"la amante del figlio"

La aparición de una mujer que la eclipsó ante su hijo sucedió cuando Nerón se enamoró de ella al conocerla durante una cena en casa de su amigo Otón y decidió que Popea Sabina sería su amante, algo en lo el marido de Popea no puso objeción, no fuera a salir mal parado...

Popea Sabina cada vez iba ganando más influencia sobre Nerón, hasta el punto de sugerirle o más bien de convencer al emperador de que ordenara el asesinato de Agripina.

Nerón era un pelele entre las dos mujeres, cada una influía en él de una determinada manera. Entre las dos mujeres la rivalidad cada vez era creciente y ambas luchaban por el control del emperador. Al final la ganadora del combate fue Popea, ya que consiguió que Nerón inculpara a su madre por traición y ordenara su muerte.

Pero antes de conseguirlo hubo varios intentos de cargarse a Agripina que no funcionaron, en primer lugar intentaron envenenarla varias veces. Después consideraron que derribar su habitación mientras ella estuviera durmiendo dentro sería un buen plan, lo malo es que mamá descubrió el plan y se enfureció mucho con su hijo.

Durante un tiempo la mala relación entre madre e hijo iba en aumento, y Nerón como "buen hijo" intentó limar asperezas invitándola a un paseo en barco como reconciliación. Ella aceptó con la mosca detrás de la oreja, y no se equivocaba pues su hijo tenía intención de hundir el barco con ella dentro.

Pero como la sabiduría popular siempre dice "hierba mala nunca muere" Agripina que era más lista que el hambre se enteró del plan, saltó por la borda y huyó nadando.

Al final, Nerón estaba desesperado, todo le salía mal, así que decidió acusar a su madre como miembro de una conjuración ficticia y decidió ejecutarla, aunque los detalles de este crimen tan meditado no están del todo claros.

Al final se cumplió la profecía de unos astrólogos caldeos que, cuando Agripina les pregunto si su hijo sería rey, le dijeron: "Será rey, pero matará a su madre", ella sin inmutarse tras escuchar estas palabras contestó: "Occidat, dum imperet!" traducido "¡Que me mate con tal de que reine!".

Con Agripina fuera de combate, la amante del emperador aún tenía un escollo que salvar para llegar a donde tenía pensado llegar. Ese escollo era la esposa de Nerón, Claudia Octavia, que acabó exiliada y posteriormente ejecutada.

Nerón también acabó fatal pero de eso hablamos en la entrada de: el gran incendio de Roma.


Bueno, al caso, después de enterrar a la mamma, y abrir el testamento, el joven se enteró por casualidad de que era el heredero de los terrenos, y decidió ampliar el Circus Gaianus, es decir el circo que había construido años antes el emperador Calígula. El nuevo circo seria bautizado como Circus Neronis. El obelisco que se alza en pie en medio de la Plaza de San Pedro fue erigido a lo largo de la espina, es decir de la mediana elevada del circo.

El circo se conectaba a la ciudad mediante un Porticus o arco. El puente de madera de la Vía Triumphalis fue sustituido por uno de piedra por decisión de Nerón, y acabó llevando del nombre del emperador, no lo busquéis, pues sus ruinas sólo se pueden ver cuando el río Tíber tiene su caudal más bajo.

Pero la verdad es que lo que cambió para siempre el destino de la zona fue el martirio de San Pedro a pie de la colina del Vaticano en el año 67, durante la primera persecución de los cristianos.

El santo fue enterrado cerca, y ello explica que el lugar, tras el martirio, se convirtiese en un lugar de peregrinación. En sus inicios el Papa Anacletus decidió que en el lugar de la tumba habría un oratorio, que en el año 324 el emperador Constantino decidió convertir en una gran basílica dedicada a San Pedro.

Esta primera iglesia era conocida como el Viejo San Pedro, y acabó destruida en el siglo XVI, cuando se erigió en su lugar el Nuevo San Pedro, el centro del cristianismo del mundo, después de los lugares Santos de Jerusalén, claro está.

Durante la Edad Media, y a pesar de las guerras e invasiones que sufrió la ciudad el flujo de peregrinos a la tumba del apóstol nunca se detuvo. Los peregrinos solían acudir en grupos, y según su nacionalidad se reunían en asociaciones conocidas como Scholae, y cuya función era recibir y ayudar a hombres y mujeres de una misma nación que venían de peregrinos a Roma. 


Destacaban los francos, los sajones, los frisios y los lombardos como el top ten de peregrinos, es por ello que cada grupo tenía su propia Scholae con su hospicio e iglesia.

Uno de los primeros fueron los sajones con la Schola Saxonum, que se construyó durante el siglo VIII por Ina el rey de los sajones occidentales. Este sería el núcleo del futuro Hospital del Santo Spirito, uno de los más grandes y antiguos de Roma.

Después de la historia del lugar seria conveniente saber por qué lleva el nombre de Il Borgo.

El nombre de Borgo dicen que proviene de los campamentos godos, a cuyo mando estaba Totila, y que se establecieron a los pies del Mausoleo de Adriano, pues se encontraban en proceso de asediar a los bizantinos de Belisario, que estaban encerrados en él resistiendo, el Mausoleo ahora es el actual Castel Sant'Angelo.

Por mucho que lo intentaron el asalto no cuajó, el porqué lo sabréis si tenéis la oportunidad de visitar el Castel Sant'Angelo, es un imponente edificio difícil de asediar la verdad...

En cambio el nombre de Burg, como terreno situado a la sombra de un castillo o fortaleza si que cuajó, y se extendió por Europa.

Cuando empezó la vorágine de los peregrinos para visitar la tumba de Pedro, en el Borgo se asentaron las primeras posadas, hosterías y residencias que acogían a los visitantes.

Aunque no sería hasta el siglo IX con el papa León IV cuando la zona se amuralló para defenderse de los ataques que sufría.

Nosotros conoceremos el barrio entrando por la puerta trasera, por la Porta Cavalleggeri, por donde entraban todos aquellos que llegaban a Roma a través de la Vía Aurelia Nuova desde Génova y Pisa.




Antes de que llegaran a San Pedro, los peregrinos hacían una ultima parada en la actual Piazza Irnerio, donde aún existe una capilla de la Madonna del Riposo, donde los cansados viajeros se reponían antes de llegar a su etapa final.

Dejaban atrás la plaza y entraban por la Porta Cavalleggeri, abierta en las murallas en tiempos de Nicolás V, a mediados del siglo XV.

No busquéis dicha puerta, ya que no existe en la actualidad, ya solo queda el arco de piedra con la insignia de los Borgia, se encontraba al inicio del actual túnel del Príncipe Amadeo, que atraviesa una estribación del monte Gianicolo.

En este punto podemos ver la fuente construida por Pío IV en 1565, para abastecer a la ciudad y sobre todo para que la caballería ligera (Cavalleggeri) diese de beber a sus animales.

En la fuente podemos ver el escudo de los Medicis florentinos, pero no os penséis que Pío IV era un Medicis florentino. Sino que era milanés, sin ninguna relación con los familiares de Lorenzo el Magnífico, las malas lenguas decían de su familia que eran barberos. Cuando se convirtió en pontífice obtuvo del gran duque de la Toscana el uso de su escudo. Cosa que a los florentinos ya les iba bien fardar de que alguien con su apellido se encontraba en el sillón de Pedro.

El que sí que sabía toda la historia era Miguel Ángel, que cuando le encargaron realizar la nueva Porta Pía en el centro de Roma, decidió contarlo a su manera, si os fijáis podréis ver toallas de peluquería, adornos en forma de brocha y bacías de barbero. Una manera sibilina de dar a conocer los orígenes del papa Pío IV.

En la Plaza del Santo Oficio, a la izquierda está el ábside del Oratorio de San Pedro, cuya construcción data del siglo VII. Está junto a la antigua Schola o residencia de los francos, se llama así porque durante siglos aquí había un cementerio para los peregrinos francos, San Salvatore de Ossibus (San Salvador de los huesos). De todo aquello solo queda un pequeño jardín de cipreses, la iglesia acabó siendo desconsagrada en el cincueccento para dedicarla a cuartel de los Cavalleggeri, la escolta papal durante unos cuantos siglos, pues en 1923 la volvieron a consagrar.

El palacio del Santo Oficio de da nombre a la plaza es de construcción renacentista, pero se ha transformado tanto a lo largo de su historia que está un poco sobrecargado. Este palacio fue sede de la Inquisición desde el año 1566, aunque la Inquisición funcionaba desde ya hacía siglos, fue el papa Pablo IV quien la introdujo en Roma.

De Pablo IV podríamos decir que no fue muy ejemplar a pesar de estar sentado en el trono de Cristo, y cristiano pues tampoco lo fue mucho, la verdad. Se dedicó a llevar ante el tribunal de la Inquisición a los nombres más ilustres de la Ciudad Eterna, cardenales incluidos. Fue él, el que autorizó el uso de la tortura en los interrogatorios de la inquisición, publicó un indice de los libros prohibidos, tomó medidas contra los judíos, creando el gueto de Roma y obligándoles a llevar un gorro amarillo para reconocerlos al instante.

Pero lo que de verdad le traía de cabeza eran los españoles, no los podía ni ver y aún más cuando Carlos V decidió que no era necesario su permiso para legar a su hijo Fernando el titulo de emperador de Alemania. Tal cabreo le pilló al hombre que se negó a reconocer a Fernando como emperador, ni a su hermano Felipe II como rey de España, además de que se unió a Francia para arrebatarle el reino de Nápoles a la corona española. 


Pero el tiro le salió por la culata, ya que no esperaba que su contrincante fuera el duque de Alba, y que los franceses lo abandonaran. Así que para conseguir la paz se necesitó que Venecia hiciera de mediadora, el papa Caraffa acabó humillado se retractó de todo lo que había dicho y admitió todo lo que antes negaba.

Pasó sus últimos años de vida amargado por ello, además de descubrir que sus familiares de la curia eran tan indignos como él, tanto es así que en su lecho de muerte le hicieron firmar un testamento para birlarle todos sus bienes.

En 1559, el año de su muerte, estalló en la ciudad una revuelta popular en la que ardió la sede de la Inquisición, su estatua en el Campidoglio acabó en el fondo del Tíber, con el gorrito amarillo que él había impuesto a los judíos.

Fue su sucesor en el papado, Pio V, que en 1566 decidió que ya había pagado sus penas y dio sepultura a su cadáver en el fastuoso mausoleo que se había hecho construir en vida, en la Iglesia de Santa María Sopra Minerva.

Ya estamos llegando a la columnata de Bernini, y que encierra la plaza de San Pedro, pero antes de entrar a la plaza la rodearemos por la Via Paolo VI, para encontrar a nuestras espaldas la Iglesia de Santi Michele e Magno, parece mentira que detrás de una sencilla fachada se esconda tanta historia.

En el 751, san Bonifacio había fundado en Roma una Schola para que los peregrinos venidos de Holanda tuvieran un albergue en la ciudad. Los holandeses se encontraron muy a gusto en la ciudad sobre todo gracias a León III que les agradeció eternamente que lo defendieran cuando el pueblo de Roma se rebeló en su contra. 


Como agradecimiento se erigió la primitiva iglesia construida en el siglo XII, pero el nombre lo puso el papa Gregorio Magno, que según cuenta la leyenda durante una procesión vio al arcángel Miguel sobre la cúpula del Mausoleo de Adriano, envainando su espada para declarar terminada la violenta epidemia de peste del año 590 que asoló Roma. El arcángel está representado en lo alto del Castel Sant'Angelo, y su figura es imponente.




Otro lugar curioso se encuentra a la salida, a la derecha, se halla una de las múltiples "escaleras santas" de la ciudad. La verdadera, y la que más peregrinos atrae es la de San Juan de Letrán pues es la que tiene 33 escalones tantos como la edad de Cristo, cosa que atraía a los fieles, que la subían de rodillas y la siguen subiendo...

En el Borgo hay una de las pocas iglesias románicas que aún sobreviven en la ciudad, escondida entre el Renacimiento y el Barroco que encontramos por cualquier parte de la ciudad. Se trata del templo de San Lorenzo in Piscibus, que toma su nombre del mercado de pescado que había en el barrio. Se encuentra encerrada en el edificio llamado Propileo, que junto a su gemelo enmarcan la plaza de San Pedro, con acceso por la vía Pfeiffer. Esta iglesia a resistido a lo largo de la historia, a remodelaciones, embellecimientos varios e incluso a proyectos de demolición. Gracias a ello hay en la ciudad un campanario del duecento y un interior casi desnudo, cosa rara de encontrar en Roma.

Seguimos hacia la derecha y lo que veremos es una iglesia con una fachada blanca, esta fachada es tardo renacentista y tiene esculpida una paloma, concretamente la que hace referencia al Espíritu Santo, y el emblema de Sixto V, el pontífice que ordenó su restauración tras ser devastada en 1527.

Esta iglesia originalmente no era más que la capilla de Santa María, adosada a la vieja schola Sassonum, el refugio para peregrinos ingleses que mandó construir el rey Ina en el siglo VIII y donde acabó sus días tras renunciar a su corona. Lo más destacable de la iglesia es su techo de madera policromada, uno de los más bellos de Roma.

A su lado está el Palacio del Comendador. El comendador era nombrado por el Papa para gobernar el complejo hospitalario, que es un edificio tardo renacentista, al que le añadieron detalles barrocos. El hospital se remonta a tiempos del rey Ina, pero debe más a Inocencio III, ya que cuando fue entronizado en 1198, la ciudad se encontraba en unas pésimas condiciones de miseria. 


Según la leyenda el Santo Padre tuvo un sueño horrible, en el que los pescadores del Tíber no paraban de traerle cadáveres de bebés recién nacidos que eran ahogados en el río, al no poder hacerse cargo de ellos las familias. Ante ese sueño el Papa decidió rehabilitar el antiguo edificio del hospital y dedicarlo a hospicio. Es el hospital más antiguo del mundo que aún conserva su primitiva función.

Cuando recogían a un bebé se le solía hacer una especie de tatuaje como una doble cruz, en el pie, y se le daba como apellido el del comendador de turno, procurándoles educación y un oficio. 


En el caso de que fueran niñas salían en procesión, escoltadas por la misma Guardia Suiza, y si en el paseo algún pretendiente les ofrecía flores, e incluso llegaban a ennoviarse, los pretendientes tenían que pedir su mano al comendador, que era el que les daba la dote para la boda.

Los pupilos de la casa no eran considerados niños de hospicio o expósito, sino que tenían el rango de ciudadanos romanos, en recuerdo de los fundadores de la ciudad Rómulo y Remo.

El hospital también acogía a hombres ilustres, en el estuvo Leonardo da Vinci, donde estudió anatomía, y Martín Lutero, en 1510, que alabó la obra de la orden, debería ser lo único que le gusto de la ciudad, porque después renegó de todo lo demás.

El hospital constaba de tres alas, la sixtina, la alejandrina y la benedictina, en recuerdo a los papas Sixto IV, Alejandro VII y Benedicto XIV que las mandaron construir. Ahora solo quedan las dos primeras, ya que la última se demolió para dejar sitio a la construcción del puente Vittorio Emmanuele II en 1911.




sábado, 26 de agosto de 2017

Las Ramblas, año 0.

Hace tiempo que no publico nada, y no es por dejadez o que ya me he cansado, sino porque tengo muchos frentes abiertos en cuanto me organice seguiremos dando la vara.

Gracias a todos los que me habéis leído, me leéis o me llegaréis a leer en un futuro próximo. Sabéis que soy de Barcelona ciudad, y que esta semana ha sido muy dura para todos, para los de aquí, para los de fuera, para cristianos, para musulmanes, para todas las religiones... cualquier acto de terror es execrable. Hoy quiero hacer un pequeño homenaje a mis Ramblas, las Ramblas que yo conozco.

Y en la que llevo ya casi quince años ayudando a mi amiga Carmen que tiene una parada de flores, quince años disfrutando de la fiesta de Catalunya, SANT JORDI, la fiesta de los libros y de las rosas, de la gente, de la humanidad.

domingo, 26 de marzo de 2017

"Cuída de los Idus de Marzo..." le advirtieron a Julio César ¿Queréis saber dónde sucedió todo?

La madrugada del 15 de marzo del año 44 a. C. la esposa del César, Calpurnia Pisonis se despierta aterrada, ha tenido una pesadilla horrible, en ella aparece su marido con todo el cuerpo ensangrentado…
Ese día por la mañana el general duda si ir a la asamblea de los senadores o quedarse en casa tras las advertencias de su esposa.

Al final decide ir a la Curia para participar en la reunión tal y como estaba previsto. Sus esclavos lo llevan en su litera por las calles de Roma como siempre suelen hacer, hasta que en un momento dado un hombre los para, tiene un mensaje muy importante para el César.
Se trata de Artemidoro de Cnido un filósofo griego que conoce el complot y pretende avisar a César, así que intenta atravesar la multitud que rodea al cónsul para entregarle una nota avisándolo de lo que sucederá, pero César no tiene tiempo de prestarle atención y no lee la nota, se la guarda en el bolsillo.

No ha sido el único en avisarle, el augur etrusco Espurnia ya le había dado alguna pista con la célebre frase “cuida de los Idus de Marzo”, es decir del 15 de marzo en concreto. Ese día, de camino al Senado, se encontró al augur y riendo le dijo “Los Idus de Marzo ya han llegado”, a lo que el augur le respondió “Sí, pero aún no han acabado”.