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domingo, 7 de febrero de 2016

Cuando París acabó convirtiéndose en Venecia: la inundación de 1910.


By aconcagua (Own work) [GFDL (http://www.gnu.org/copyleft/fdl.html) or CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons


Cuando uno viaja a París una de las opciones que más adeptos tiene es hacer un recorrido por el Sena, subirse a uno de los Bateux-Mouches y disfrutar del recorrido, sobre todo si se está enamorado.  Sé que es un tópico, pero quién es el guapo que admite que habiendo estado en París no ha "pecado" y se ha subido a uno de estos barcos.

Hay varias opciones para hacerlo, el simple paseo con los cascos en los oídos y acompañado de más turistas, o disfrutando de una romántica cena o comida, todo depende del presupuesto del que se disponga. 

Hay varias empresas que se dedican a este negocio, tenemos a los Bateaux Parisiens  (su salida es desde la Tour Eiffel y el paseo sencillo es de 14 Euros), a las Vedettes du Pont Neuf  (como dice su nombre sale desde el Pont Neuf y tal vez es el que tiene los precios más económicos si se sacan por internet, 11 euros si es por la noche y 9 si es durante la mañana en lugar de los 14 euros que vale normalmente), y los de toda la vida los Bateaux Mouches (la salida es desde el Pont d'Alma y el paseo sencillo cuesta 13,50 Euros) Los precios para los paseos con cena o comida incluida de los tres, varían según la opción que deseemos, además de que el recorrido es un poco más largo para poder disfrutar de la comida tranquilamente.
Por mi parte creo que el mejor momento para hacer la visita es hacia el atardecer, para ver como se va poniendo el sol y los edificios principales se iluminan, es ahí cuando París se transforma den la ciudad de la luz.

Si no queréis hacer el típico recorrido comentado existe la opción del Batobus  que tiene nueve paradas cerca de los principales puntos de interés de la ciudad como la Tour Eiffel, el Musee d'Orsay, St-Germain-de-Prés, Nôtre DAme, Jardins des plantes, Hôtel-de-Ville, Louvre, Champs Elisées... Sería como el típico autobús turístico pero en el río, eso sí sin explicaciones. Hay el pase de un día (16 euros adulto) y el de dos días (19 euros) es una manera de desplazarse por la ciudad no muy económica, pero si te hace ilusión adelante.

Ya que estamos hablando de los paseos románticos por el río, debéis saber que el Sena siempre a estado ahí, en medio de una de las ciudades con más historia del mundo, contemplando el suceder de la misma, viendo impasible el transcurrir de los gobiernos, de las justicias e injusticias, de las lágrimas y alegrías y cómo no de los enamorados.
Zonas inundables.

El Sena ha cambiado tan sólo un poco su curso a través de lo siglos, o tal vez milenios, y la parte que más ha sufrido estos cambios ha sido la región île de France, que ha soportado estoicamente las inundaciones que por lo general suelen ocurrir entre noviembre y marzo, pero que, con más probabilidad se dan en enero.

Las inundaciones que ha sufrido la ciudad, pues han habido varias, se pueden clasificar como ordinarias, que son las que no ocurren de manera sistemática todos los años, su nivel suele ser bajo, algunas veces es necesario cerrar la vías de la ribera si superan los tres metros treinta, o detener la navegación por el río si empieza a sobrepasar los 4,30 m. Este tipo de inundaciones se dieron en diciembre de 1999 y marzo de 2001.


Luego están las grandes inundaciones, y son las que su nivel es superior a 6 metros. La última tuvo lugar en enero de 1982, aunque en enero del 1959 hubo otra, y en febrero de 1945 también.
Luego están las inundaciones excepcionales, estas ya son muy serias pues su nivel suele ser superior a los 7 u 8 metros. Y a pesar de que suelen causar daños importantes no suelen impresionar a los parisinos. En 1924 llegó a los 7,32 m, y en 1955 a los 7,12 m.

Pero la inundación que se convirtió en una referencia fue la que ocurrió en enero de 1910 con 8,62 m, aunque no fue la primera ni la más importante de la historia, pues en febrero de 1658 se llegó a los 8,96 metros, lo que ocurrió es que el río tenía espacio por donde desbordarse, pues no estaba canalizado y tenía un caudal más bien bajo porque a lo largo de su recorrido había puentes que hacían de presa. En 1740 hubo otra inundación que superó ligeramente los 8 metros.

En el puente de Alma tenemos una estatua “Le Zouave” desde donde los parisinos suelen medir el nivel del río, pero es en el Puente de Austerlitz donde hay una escala para medir el nivel de inundación.
Por ejemplo el 9 de febrero de 2013 el Zuavo del puente del Alma ya tenía los pies en remojo (3,89 m), y en el puente de Austerlitz llegó a los 3,79 m, cuando normalmente suele estar sobre los dos metros. Aunque no se llegó a los 4 metros, los típicos Bateaux-Mouches se mantuvieron en los muelles, pues les era imposible pasar por debajo del Puente de los Inválidos.


El primer puente de l’Alma era un puente en piedra, con tres arcos, y fue construido por el ingeniero Hyacinthe Gariel dentro de los proyectos que tenía el barón Haussmann para la ciudad, fue construido entre 1854 y 1856. E inaugurado por Napoleón III dándole el nombre de su primera victoria en la guerra de Crimea, la de la batalla de Alma. Se instalaron como decoración cuatro estatuas de soldados que participaron en la misma, el Granadero y el Zuavo fueron realizados por el escultor Georges Diebolt, mientras que el Artillero y el Cazador era obra de Auguste Arnaud. 


Con el paso del tiempo acabó siendo demasiado estrecho para el tráfico tanto de coches como para los barcos que pasaban por debajo, así que en 1970 se decidió reconstruirlo enteramente para facilitar tanto el tráfico terrestre como el fluvial. De las cuatro estatuas del antiguo puente, sólo se quedó en el nuevo, una, la del Zuavo, pero la colocaron en el lado opuesto de donde había estado. El modelo de esta estatua fue escogido personalmente por Napoleón III, que quedó impresionado por el porte del soldado André-Louis Gody (1828-1896) nacido y muerto en Gravelines, en la región Nord-Pas de Calais.

Las otras tres figuras acabaron bastante lejos del Sena, el “Cazador a pie” se encuentra en Joinville-le-Pont, en la autopista  A4 que va de París al Bois de Vincennes. El “Granadero” está en Dijon, en la avenue du Premier-Consul, frente al lago Kir. El "Artillero” acabó en La Fère (L’Aisne), en la Place de l’Europe. Un buen lugar teniendo en cuenta que La Fère es la cuna de la artillería francesa.
Ahora que sabemos dónde se encuentra el “Zouave” hablaremos de la inundación de 1910.

Seguramente el Pont d'Alma os sonará más por lo que sucedió la noche del 30 al 31 de agosto de 1997, cuando Lady Diana Spencer y su novio Dodi Al-Fayed tuvieron un accidente en el que perdieron la vida, no fue en el puente sino en el túnel que se encuentra entre el puente y la plaza. No entraremos en detalles sobre lo sucedido, tan sólo deciros que sobre el túnel se encuentra la Llama de la Libertad, la réplica a tamaño real de la llama que porta la Estatua de la Libertad de Nueva York, y fue un regalo del periódico International Herald Tribune que en 1987 agradeció de esta manera a Francia la restauración de la estatua de la Libertad. Este monumento se ha convertido en el lugar dónde muchos fans deciden rendirle homenaje a Lady Di, pero la verdad es que el monumento oficial que conmemora lo sucedido se encuentra en un jardín de Le Marais.


En enero de 1910 París quedó bajo las aguas, gran parte de la ciudad quedó inundada debido a la crecida del río, causada por las abundantes lluvias invernales,  lluvias que solían ser por lo general bastante habituales, pero el 21 de enero el río empezó a crecer más rápido de lo habitual. En una semana el nivel del agua creció de los 3,80 m a los 8,50 m, más de 450 hectáreas acabaron bajo las aguas, doce “arrondisements” quedaron tocados. El Sena inundó la ciudad por medio de las alcantarillas y los túneles del metro, ya que el río no se desbordó por sus orillas, sino que buscó hueco entre el alcantarillado, el metro, los túneles y los desagües. En cambio en los pueblos cercanos al este y oeste de la ciudad sí que llegó a desbordarse. Por suerte los diques que a toda prisa se construyeron evitaron que el río acabase desbordado.

Par Jean-Pierre Dalbéra from Paris, France — L'inondation de 1910 à la Conciergerie, CC BY 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=24672807En la foto puede verse hasta donde llegó el agua en la Salle des Gardes de la Conciergerie, en la Île de la Cité.
Las noticias corren como la espuma, y la multitud se empieza a reunir sobre los puentes y zonas más altas para contemplar cómo el río va creciendo, y con la crecida arrastra muebles, barriles, cadáveres de animales, y restos de lo que había ido destrozando río arriba. Un día más tarde la cosa se pone ya bastante fea, el río ya empieza a ocupar el centro de la ciudad y el caos empieza a aparecer. Los curiosos que habían salido tranquilamente a primera hora de la mañana para ver lo que ocurría, intentan regresar a sus hogares atravesando las calles llenas de agua hasta las rodillas y sin luz, los que tenían suerte podían llegar a salvo hasta las mismas, otros tenían que dar media vuelta y buscarse la vida, o bien cuando llegaban veían que sus casas estaban anegadas y sólo podían achicar agua.

La Gare Saint Lázare inundada
La estación de Orsay y de los Inválidos quedaron por completo inundadas, al igual que la Gare de Lyon y la de Saint-Lazare. La verdad es que la línea C del Rer cuando hay inundaciones es la primera que se tiene que cerrar. El sistema eléctrico falló pues la central había quedado inundada, la ciudad de la luz, se queda a oscuras y sin relojes que sigan marcando el devenir de las horas. Mientras el agua se va colando por los túneles del recién estrenado metropolitano, y por las canteras y cloacas que hay por toda la ciudad.
En pocas horas París queda paralizada, por suerte el mercado de Les Halles, escapa de la inundación, gracias a ello, los parisinos no pasarán hambre. Los almacenes que se encuentran en Bercy quedan anegados, en el centro de los mismos se forma un lago de 5 metros de profundidad, y por cuya superficie flotan los barriles, las cajas y las maderas.

Durante el transcurso de la semana siguiente miles de parisinos  fueron evacuados de sus hogares porque el agua se colaba por los edificios y las calles de la ciudad, provocando el cierre de las infraestructuras más básicas de la ciudad..
La policía, los bomberos e incluso el ejército se desplazaban por la zona en botes, rescatando  a los que estaban atrapados, y lo hacían a través de las ventanas de los segundos pisos. Las iglesias, escuelas y edificios públicos se convirtieron en refugios improvisados.


Para poder moverse por la ciudad los residentes se desplazaban en barcos o a través de pasarelas de madera construidas por los ingenieros del gobierno e incluso por los mismos parisinos. El 28 de enero el agua alcanzó los 8,62 metros, su máximo, teniendo en cuenta que estaba 6 metros por encima de su nivel normal.

Los parisinos se organizaron y crearon un servicio de reparto de provisiones y de necesidades básicas, se repartieron los víveres que aún quedaban en Les Halles, gracias a ellos pudieron abastecer la ciudad. A los soldados los colocaron en puntos escogidos para controlar a las masas que acudían a los barrios que el río había anegado, así mismo se repartía bebida y vino caliente a los ciudadanos mientras contemplaban el espectáculo. Otros se dedicaban a achicar agua de bodegas y sótanos, mediante bombas manuales y de vapor, pues la electricidad como ya hemos comentado no funcionaba.



A muchos parisinos les divierte la situación, y salen a la calle para ver lo que está ocurriendo. Incluso los dibujantes de los periódicos lo plasman en sus viñetas. París regresa a los métodos de transporte antiguos; como que los tranvías no funcionan se volverán a utilizar los carros y los caballos, los barcos que se encuentran por la ciudad acabarán requisados para poder mover a los parisinos por las zonas afectadas. En la Avenue Montaigne un avispado negociante organiza paseos en barcos de recreo, se pasean por delante de los hoteles más lujosos y los fotógrafos toman imágenes al módico precio de 50 céntimos, todo esto lo cuenta Guillaume Apollinaire en el Diario de París el 29 de enero de 1910.


Al final la estimación de los daños causados por la inundación ascendieron a los 400 millones de francos, al cambio actual serían unos 1.500 millones de euros. Durante casi una semana los parisinos chapoteaban en el agua, pasados 35 días, las aguas volvieron a su cauce. Por suerte no hubo muertos y lo sucedido despertó la solidaridad de toda Francia, a lo largo de todo el año se organizaban actos de caridad para ayudar a las víctimas, se editaron tarjetas postales, e incluso el ayuntamiento pone a disposición de los vecinos unas placas esmaltadas para que se fijen en las paredes marcando la altura máxima de la inundación, como recordatorio de los sucedido y en vistas al futuro.